lunes, 25 de mayo de 2009

La ola

(Frantisek Drtikol)



No te traen las olas. Eres la ola. La incesante. La que en medio de todas se mantiene. Aunque nunca idéntica. La que se camufla en los vaivenes y a la que yo encuentro en la orilla de mi soledad.

Permaneces a flote de los días y te encubres en la negrura de las noches. Formas parte de la agitación liviana y te hallas a merced de las tempestades. Te encrespas cuando los elementos se ceban con los bajeles de los conquistadores y llegas mortecina y pausada a la costa para aliviar a los desamparados.

Sabes dónde estás aunque tu ritmo nunca sea estable. Emerges desde otras gotas y te conformas para ser espuma. Te empapas de salitre y haces herida a su vez a cuantas presas son arrastradas por el vertiginoso imperio de las aguas.Ola sinuosa, ola amarga, ola que se aproxima, ola que se desprende de sí, ola que ruge, ola que se zambulle en mi costado, ola que me desnuda de vacíos, ola que me transfigura en ola.

Llegaste hasta los escarpes de mi acantilado, desde cuyas alturas yo miraba y no veía. Llegas para quedarte. Llegas para escurrirte por los pasajes subterráneos de mis femorales. Llegas para erosionar la cruz de mi castigo. Llegas para sazonarte con la efervescencia de mis humores profundos. Para impregnarte de mi sal. Llegas para ser disolución en mi saliva. Y beberla.