jueves, 8 de octubre de 2009

Simplemente

(Duane Reed)


Hoy simplemente quiero que me des calor. Con una aproximación me basta. Aunque quiero más. Pero sentir que me rodeas me mantiene. Escuchar cómo tus palabras trazan un círculo de fuego contenido de punta a punta de mi cuerpo me sujeta. No grites, por favor. No eleves el tono ni mandes ni impongas ni sometas. Quiero escuchar tu rumor. Porque es tu estado natural. Luego, de pronto, suele suceder que al pairo de los elementos te agitas. Sueles acontecer como los arroyos, que se convierten en cauces más abiertos y transcurren por accidentes escabrosos donde se desorbitan. Y son, como tú, otra cosa. Y siguen siendo lo mismo. Y sigues permaneciendo el mismo. Entonces yo te entiendo. Entiendo tu fuerza, tu expansión. Entiendo que avances impetuoso y brusco sobre mi. Me gusta, incluso te lo exijo. Pero hoy sólo quiero oírte como una rambla lenta y no obstante fluida. Callo y te quiero silencioso. Tu respiración vaporosa, la lentitud de tus movimientos, el acercamiento prudente a mis sentidos. Cortéjame con palabras amables donde yo me sienta próxima a una naturaleza reposada. Donde yo me palpe naturaleza construida. Sé de las furias que bajo nuestros suelos respectivos nos conmueven. Sé cómo tratan de domeñarnos. Pero para eso estamos ambos aquí, juntos. Para hacer frente común y resistir. Pasa tus dedos afinados sobre mi piel. Detén la palma de tu mano en mi pecho. Quiero sentir ese poder que erradique mi debilidad. Quiero que conjures cualquier quiebra en mi. Con que estés así, quieto, receptivo, atento a mis silencios es suficiente por esta noche. Saber que estás dentro y fuera de mi, siendo tú, siendo yo.

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