miércoles, 30 de septiembre de 2009

Exorcizar

(Duane Read)


A veces permanezco acurrucado junto a ti y te hablo. Tú no te enteras. El cansancio te puede y te arrastras al sueño con tu mano sujeta a la mía. Pero algo te llega por ocultos caminos. Hablo a tu piel y la piel se te eriza. Hablo a tu nuca y una leve erupción la delata. Hablo a tus senos y los pezones se erigen encrespados. Hablo a tus cabellos y se convierten en púas al instante. Hablo a tus muslos y éstos sienten una ligera convulsión. Hablo a la pelvis y el monte se te distiende encajando mi voz. Hablo a tu boca y tus labios articulan lenta y desordenadamente algunas sílabas de mis palabras. Entonces hablo quedo. Y te pregunto sobre el misterio que te ha rodeado hasta llegar aquí. Hasta acceder a mi. Entonces te hablo del enigma que me ha mantenido lejano de ti durante tanto tiempo. Pero sólo sé enunciar sorpresas. Sólo sé emitir quejidos y enarbolar lamentos. Es como preguntar al transcurso de la vida por lo que no ha sido. Siento una rabieta de niño, pero el acontecer que nos proporciona el encuentro ahora no sabe del pasado de ambos. La lógica responde con facilidad y coherencia. Pero yo no hago preguntas a la lógica, sino al misterio. Por eso hablo a tu cuerpo cuando duermes. Y me procuro su calor para exorcizar la soledad.

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