martes, 6 de octubre de 2009

Sáciame



Dices que soy insaciable. Sí. La sed me apremia desde el principio de la sequía. Y el camino me ha deparado este encuentro inaudito. No sé ya renunciar a él. Bebo en tu manantial cada día. En cada sorbo me satisfago. Pero el agua que brota de la fuente tiene unas propiedades a las que no puedo rehusar. Soy insaciable. Ya no es por la sed en sí. Es por la recuperación de lo que creía perdido para siempre. Siento contigo de nuevo el alma húmeda de mi carne. Siento la conexión con las raíces que han alimentado secretamente a mi soledad. Siento que me sacas de mi mismo, que me separas de la parálisis, que me entroncas con las voces que se habían desvanecido, que reconstruyes al hombre que se había dispersado. Me rescatas del espacio volátil donde me desquiciaba. Cómo no quieres que me muestre insaciable contigo. Mi memoria se abre a ti. Me veo nuevamente genuflexo ante el hontanar de los tiempos de niño. Cuando nos agachábamos a sorber la fina y modesta corriente que manaba de la roca. Sigue esta otra mi sed. La sed que está siendo toda la sed del hombre en su apogeo. Sáciame, aunque tengas que desgarrarme el pecho como haces con la sábana que ultrajas cuando te amo.

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